A finales del mes de febrero de este año, instituciones públicas y privadas anunciaron con entusiasmo que habían liberado al río Ozama de 700 toneladas de lilas y residuos sólidos, durante un proceso de saneamiento que conllevó meses de ardua labor y la derogación de al menos 60 millones de pesos.

Sin embargo, no han pasado tres meses cuando ya las aguas del Omaza, en el trayecto que se extiende desde el puente flotante hasta el de la 17 o Francisco del Rosario Sánchez, están arropadas casi en su totalidad por una “alfombra” de lilas.

La mañana de este sábado, la cámara de nuestro reportero gráfico Eddy Vittini captó la deplorable situación ambiental en la que se encuentra el río capitalino.

Pese a la recurrencia del problema, las autoridades parecen no contar con plan preventivo para sanear las cuencas del Ozama, afectadas además por una urbanización desorganizada y la falta de educación ambiental.