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el imprevisible futuro de Cuba

Sin vacunas, sin turistas y sin dólares: el imprevisible futuro de Cuba en medio de la frustración y las protestas
Sin vacunas, sin turistas y sin dólares: el imprevisible futuro de Cuba en medio de la frustración y las protestas

El récord de infectados y muertos por COVID-19 y las restricciones económicas impuestas el mes pasado fueron el caldo de cultivo de la indignación: “Hay condiciones para un levantamiento”, aseguran desde la isla

“Como tu sabes, chico, es algo esperado desde hace 62 años. Pero es como el cuento del pastor y las ovejas. Ya nadie sabe si esto se va a quedar en un día de protesta o en algo más. Está todo muy raro.

El gobierno no sabe para dónde va. Un día dice que va a ordenar la circulación de moneda, termina con los CUCs (moneda fuerte que circuló en Cuba hasta el año pasado) y que el dólar será la nueva moneda para comprar en los MLC, las tiendas de “monedas libremente convertibles”.

Y unos meses más tarde dice que ya no se pueden usar los dólares. Hay que buscar Euros que están como un 30% más que el dólar. Y cuando los consigues y te vas a los MLC no hay nada para comprar. No hay turismo. No hay vacunas. Ayer mismo, hubo un récord de muertos. La gente está harta. Por eso es que salió a gritar a la calle.

-¿Se van a quedar en la calle? ¿Puede ser una protesta prolongada?

-¿Quién lo puede saber? Hay condiciones para un levantamiento, pero ya hubo varias protestas y luego no pasó nada. Sí, esta vez fue masivo y extendido. Fue mucho más que el Maleconazo del 1994. Pero sólo podemos hacer pronósticos de lotería. Y Díaz-Canel llamó a una resistencia popular. Pueblo contra pueblo. Eso sólo puede hacer que todo termine muy mal.

Esta fue la conversación que mantuve en la noche del domingo con un periodista cubano de una agencia internacional antes de que se cortaran todas las líneas telefónicas y se produjera un apagón de Internet.

Es un buen resumen de las condiciones sociales y económicas que llevaron a miles de personas a salir a la calle al grito de “¡Abajo la dictadura!”, “¡No tenemos miedo!” y “¡Patria y Vida!”.

Las primeras imágenes salieron de San Antonio de los Baños, sede de la famosa escuela de cine, a unos 30 kilómetros del centro de La Habana. Pronto empezaron a aparecer en las redes sociales videos de varias ciudades del interior.

Y finalmente se vio a unos centenares en el Malecón, escenario central de la vida de la capital cubana. Después se mostraron saqueos a una tienda de productos especiales. Se veía a la gente saliendo entre los vidrios con los pocos alimentos que podían llevarse entre los brazos. No se veían televisores LED o heladeras como en otros levantamientos en América Latina.

¿Por qué ahora? La posible respuesta es que muchos cubanos ya no tienen nada que perder. El COVID-19 se extiende por la isla y a pesar de la propaganda oficial no hay ni vacunas nacionales ni globales. Pareciera que se enfrentan al dilema de “morir por COVID o morir luchando en la calle”. No es que haya sido expresado así ni que apareciera como una consigna generalizada, pero sí se mencionó en las redes sociales bajo el Hashtag #SOSCuba.

La frustración es también un sentimiento generalizado. Cuando el entonces presidente Barack Obama visitó la isla en marzo de 2016 se creó un halo de esperanza. Después de medio siglo de Guerra Fría, se producía un deshielo. Raúl Castro se abrazó a Obama y fueron juntos a ver un partido de béisbol. Los habaneros estaban un poco más optimistas que en años anteriores. Creían que la apertura era inevitable.

El endurecimiento de las sanciones por parte del sucesor en la Casa Blanca, Donald Trump, terminó con todas esas expectativas. La economía se redujo en un 11% el año pasado y no fue sólo por las restricciones impuestas desde Estados Unidos, la excusa y caballito de batalla de la revolución por seis décadas. Las reformas no tuvieron la repercusión esperada. Incluso se volvieron ineficientes buena parte de las 844 empresas que manejan las Fuerzas Armadas. Equivalen al 30% del total de la economía de la isla y van desde la producción de azúcar hasta hoteles y de granjas hasta fábricas de acero.

Hace cinco años el sector del turismo vivía un boom. en 2016 hubo un aumento de recepción de divisas traídas por los visitantes de casi el 30%. En tres años se sumaron 18.000 camas a la oferta hotelera, el equivalente a 31 hoteles como el famoso Habana Libre de 20 pisos. Hasta el exitoso sitio de alquiler “Airbnb” comenzó a operar con unos departamentos espectaculares en La Habana y la playa de Varadero y Cayo Coco. Florecieron empresarios como Hugo Cancio. Había salido del país en el famoso éxodo del puerto de El Mariel en abril de 1980. Y en ese momento viajaba permanentemente entre Miami y La Habana haciendo negocios.

“En la nueva Cuba hay lugar para el entendimiento y la cercanía en todos los sentidos”, me dijo en una entrevista en su fantástico piso con vista al mar. Cuando se enteró en el 2010 que Raúl Castro lanzaba una reforma económica en la isla, fundó la compañía Fuego Enterprises.

En unas horas consiguió varios inversionistas. Comenzó por medios de comunicación -una exitosa revista de turismo y lujo- y entretenimiento para pasar en poco tiempo a las transacciones inmobiliarias. La pandemia, las incertidumbres económicas y las nuevas medidas restrictivas impuestas por Miguel Díaz-Canel desde que asumió la presidencia en octubre de 2019, terminaron con todo esto.

El turismo se había convertido en el motor de la nueva economía y se diluyó como el agua entre las manos del millón de cubanos (el 20% de la fuerza laboral del país) que trabajaba directa o indirectamente en este sector.

Esto no lo resuelve ni el babalao (santero). Unos pocos se hacen ricos y los otros la miramos desde el Malecón, como lo venimos haciendo desde hace 60 años”, lanzó Emelinda, una maestra jubilada con la que conversé mientras caminábamos por el Paseo del Prado habanero. Las mieles del turismo no llegaban a todos. Mucho menos ahora. Lo único que sigue sacando del hambre son las remesas que llegan del exterior. Un 65% de los cubanos viven de los dólares que le envían sus parientes en el exilio. El otro 35% sobrevive malamente con los sueldos del Estado que sólo alcanzan para comprar en los mercados de frutas y verduras con precios subsidiados. Y mantienen una enorme paciencia habanera. Recuerdo en la calle 21 una cola de más de una cuadra. “Es que llegaron las papas”, me dijo una señora que estuvo más de una hora para que le entreguen medio kilo de ese alimento básico. Los que recibían entonces las mejores mercaderías eran los paladares, esos restaurantes improvisados en casas, que fueron los primeros negocios privados autorizados, y que de a poco se convirtieron en sofisticados restaurantes. Pero sin turistas no hay paladares. Quedaron unos pocos en pie. Apenas un puñado de cubanos puede ir ahora allí para alguna cena-aniversario.

En junio, el gobierno decretó “temporalmente” que ya no se pueden utilizar dólares en efectivo, en una medida que es vista por economistas como la más restrictiva impuesta sobre la moneda estadounidense desde que estuvo penalizada durante el gobierno de Fidel Castro. A partir de ahora, los cubanos tendrán que utilizar otras divisas extranjeras (euros, en el 99% de los casos) para acceder a los escasos productos básicos que solo se encuentran en las tiendas MLC.

Ni siquiera los turistas pueden canjear sus dólares en los bancos o en las casas de cambio ni utilizarlos en establecimientos estatales. De esta manera eliminó la medida más importante del plan de reestructuración económica implementado a inicios de año llamado “tarea ordenamiento”, que buscaba incentivar el trabajo, subir los salarios y fortalecer la dolarización.

En cambio, disparó la inflación y agravó la escasez de alimentos, gasolina, medicamentos y productos básicos como la harina. Y complica aún más el pago de los vencimientos de la deuda de 5.800 millones de dólares que Cuba tiene con el Club de París, su mayor acreedor.

Las manifestaciones también tienen un sustento social-cultural.

Todo comenzó la semana pasado cuando el popular cantante Yotuel Romero, que está fuera de la isla, pidió a sus seguidores que colocaran este fin de semana en sus redes sociales la etiqueta “#SOSCuba” para llamar la atención sobre la situación. Se viralizó. La protesta también tiene, como todo en Cuba, música propia.

Se coreó la canción “Patria y vida”, abiertamente contraria al régimen de la isla y sus políticas, es una contraposición a la consigna revolucionaria cubana “Patria o muerte”.

Fue creada e interpretado por artistas como Yotuel Romero, Descemer Bueno, Gente de Zona, Maikel Osorbo y El Funky. Hace referencia directa a la irrupción de agentes de a Seguridad del Estado, el 26 de noviembre de 2018, a la sede de la agrupación cultural Movimiento San Isidro para reprimir a los acuartelados que leían poesía y participaban en una huelga de hambre para exigir la liberación del rapero Denis Solís.

Al líder del movimiento, Luis Manuel Otero Alcántara, fue recluido contra su voluntad más de un mes en un hospital de La Habana. El perfomer ya había estado en la cárcel y el domingo fue uno de los primeros en movilizar a través de Twitter: “Familia ahora mismo se calentó esta talla. Toda Cuba está en la pista. Me voy pal Malecón”.

Están dadas las condiciones para que ocurra en Cuba lo que sucedió en el Este europeo tras la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética. El resto es absolutamente imprevisible.

La primavera árabe fue lanzada por la protesta de un vendedor de frutas tunecino a quien no lo dejaban vender en la calle, el levantamiento en El Líbano comenzó por el impuesto que quería imponer el gobierno a las conversaciones de WhatsApp y en Chile el aumento en las tarifas del metro.

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